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En 1989, la Red de Educación Popular Entre Mujeres (REPEM), reunida en Paraguay, decidió declarar el 21 de junio como el Día por una Educación No Sexista. Desde entonces, se ha promovido en varios países de América Latina y El Caribe el derecho de las mujeres a una educación democrática, libre de estereotipos, que no refuerce la discriminación contra las mujeres en el mundo del trabajo y la familia y en los espacios públicos de poder.
La importancia de una educación no sexista radica en la necesidad que tienen todas las personas, mujeres y hombres, a nivel individual y colectivo, de que reconozcan y ejerzan sus derechos de ciudadanía, sus derechos sexuales y derechos reproductivos, es decir sus derechos humanos.
Esta necesidad se ha convertido en una exigencia democrática, en la que es necesario preparar a las niñas para vivir en autonomía, conociendo y ejerciendo sus derechos para convertirse en sujetas sociales, con independencia económica, política y sexual. Y a los niños, para que compartan y desarrollen una presencia activa en el cuidado de la casa, los hijos y la administración del presupuesto familiar, para que respeten el derecho a decidir de las niñas y mujeres, como una vía para un comportamiento igualitario mujeres y hombres.
Por otro lado, es importante que el sistema educativo identifique los estereotipos sexistas y racistas que socializa en las materias, libros y contenidos que utiliza para la enseñanza, a fin de tomar conciencia de cómo estos mecanismos refuerzan la desigualdad de las mujeres ante los hombres.
Las diferencias entre ser mujer y ser hombre no tendrían que negar el principio de igualdad que debe privar entre los seres humanos. Todas y todos tendríamos que participar para lograr la equidad entre mujeres y hombres. Solo así se lograremos una convivencia más justa. Todas las personas tendríamos que ser corresponsables, lo que implica participar, tanto hombres como mujeres por igual, en las labores del hogar y de la sociedad.
Si desde la infancia, niñas y niños aprenden a ser solidarios, a respetar a los demás y a participar equitativamente en las distintas tareas que realicen, en el futuro podremos disfrutar de una mejor sociedad que habremos construido con el esfuerzo de todas y todos.
La educación no sexista es decir, la educación que no discrimine por ser mujeres o por ser hombres, es un paso vital para la eliminación de los estereotipos sexistas de la conciencia colectiva. Para denunciar y combatir la ideología y las prácticas sexistas al interior de los hogares, en los medios de comunicación, en la cultura, en la religión y al interior del Estado.
La puesta en marcha de actividades de información y sensibilización para educar partiendo de valorizar a las niñas y las mujeres en la sociedad, es un paso indispensable y complementario, como lo es la investigación que aporte datos desagregados por sexo, etnia, religión, etc., para establecer diagnósticos adecuados y construir indicadores de seguimiento y de impacto que propicien el cambio de esta situación.
El tipo de educación diferenciada según los sexos no permite el desarrollo de todas las potencialidades humanas de mujeres y hombres. En el ámbito familiar se educa de forma sexista cuando a las niñas se les exige hacer tareas domésticas o a los niños se les prohíbe llorar o expresar sus emociones.
Por medio de la socialización se transmite a niños y niñas formas de ser, actitudes, creencias, ideas, roles y estereotipos según el sexo, como si fueran naturales e instintivas, pero no lo son, porque se transmiten desde la cultura a través de la familia, la escuela, los medios de comunicación, publicidades y demás instituciones sociales.
El Día por una Educación No Sexista, intenta hacer ver que una educación a partir del reconocimiento de las diferencias y de la igualdad de trato a las personas, cambia las relaciones de poder entre mujeres y hombres para el presente y el futuro.
La Educación no Sexista busca promover el derecho de las mujeres a una educación democrática, libre de estereotipos sexistas, con la finalidad de desarrollar y potenciar nuevas actitudes y habilidades para una convivencia más justa, humana, igualitaria y equitativa.
En Guatemala ¿Qué hemos hecho desde Tierra Viva?
Tierra Viva impulsó desde 1994 al 2002 la Campaña de Educación para la Igualdad con Equidad, con el objetivo de incidir en el sistema educativo para que viera la importancia de eliminar roles y estereotipos aprendidos por mujeres y hombres en la sociedad guatemalteca.
Estos procesos de sensibilización se dirigieron a estudiantes de los ciclos de básico, diversificado, especialmente de magisterio y mujeres organizadas en grupos, evidenció que la mayoría no tenían claridad de lo que significan roles, estereotipos, racismo, sexismo y discriminación, y que veían, hasta ese momento, normal que las cosas fueran así.
A partir del 2,003, empezamos a reflexionar, que más que la necesidad de posicionar sólo una educación no sexista, era la cultura patriarcal, sexista y racista la que confluye en Guatemala de una manera específica, oprimiendo y discriminando a las mujeres no sólo por el hecho de ser mujeres, sino también por responder a diferentes identidades étnicas.
Desde que nacemos, por el hecho de ser mujeres, se piensa que somos inferiores, que no podemos decidir sobre nuestro cuerpo, que somos propiedad del hombre, que la violencia contra nosotras es natural, que no tenemos necesidad de acceder a una educación sexual laica, libre de prejuicios, científica. Asimismo se cree que las mujeres sólo servimos para casarnos y tener hijos. Estos son algunos de los estereotipos que abonan esta Cultura patriarcal existente que genera altos índices de violencia.
Es por ello que demandamos la necesidad de construir una nueva Cultura, donde las mujeres tengamos derecho a la información, a tomar nuestras propias decisiones, a estudiar, a trabajar, al respeto a nuestro cuerpo, a una maternidad libre y voluntaria, a la diversidad sexual, al descanso, al gozo y al placer.
La necesidad de incorporar la educación sexual en la currícula de educación formal
La educación sexual es parte imprescindible del ejercicio de los derechos sexuales y derechos reproductivos. Esta estimula valores internos de las personas, cambia actitudes y permite a las personas tomar las decisiones importantes de la vida.
Una educación sexual basada en hechos científicos, laica y libre de prejuicios, permite el goce de una sexualidad, responsable, informada, placentera y libre de riesgo.
La necesidad de incorporar la educación sexual en la currícula de educación formal pone de manifiesto la urgencia de implementar programas específicos para jóvenes, adolescentes, niñas y niños para reducir la tasa de embarazos no deseados, la tasa de infecciones de transmisión sexual incluyendo el VIH/SIDA-, entre otros.
Según información publicada en Prensa Libre en febrero del 2009, el promedio de edad del primer matrimonio en la población femenina es de 19 años. Asimismo que 45 de cada 100 mujeres están dando a luz antes de los 20 años.
Por otro lado el Programa de Género, Pobreza y Juventud del Consejo de Población plantea que Guatemala, a diferencia de otros países en Centroamérica presenta un alto porcentaje de matrimonios o uniones libres en jóvenes de 12 a 19 años, lo cual frena en muchos casos el desarrollo escolar, emocional y personal de los adolescentes.
Por otro lado la educación sexual no está llegando a los centros educativos. La orientación sexual que se recibe no es veraz, predominan mitos y prejuicios en relación a la vivencia de la sexualidad, la anticoncepción, que genera que más niñas y jóvenes resulten embarazas sin desearlo.
En Izabal, por ejemplo el tema de la sexualidad no se aborda, según el Instituto de Educación Básica, INEB, hay una preocupación porque muchos jóvenes tienen una vida sexual activa, y hay niñas de 13 años que ya son madres.
Según el Centro Nacional de Epidemiología, del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, de Enero de 1984 a Diciembre del 2,008 la incidencia de casos notificados de SIDA en jóvenes es la siguiente:
Grupo de edad Femenino Masculino
0-4 312 334
5-9 35 53
10-14 35 14
15-19 197 190
20-24 653 1089
Lo anterior demuestra que en edades tempranas, en la niñez y en la adolescencia las mujeres están más expuestas y vulnerables a contraer esta enfermedad, en tanto que los hombres la empiezan a padecer más en la medida en que la vida sexual se vuelve activa.
Es por esto que este 21 de junio, hacemos un llamado a todos los actores sociales, movimiento de mujeres, movimiento de jóvenes, a los pueblos indígenas y población en general, a que se unan a nosotras a demandar la transformación, promoción y resignificación de la cultura actual por una Cultura Sin Sexismo, Sin Racismo y Sin Violencia, que erradique las prácticas sexistas, racistas y violentas existentes.
Instamos al Ministerio de Educación para que promueva acciones, en torno al 21 de Junio como Día de la Educación No Sexista, para sensibilizar a las autoridades estatales y al gremio magisterial sobre lo que significan estas desigualdades que se perpetúan como normales y naturales y que obstaculizan el desarrollo de miles de niñas, adolescentes y jóvenes.
Asimismo, demandamos que la educación sexual sea una realidad en la vida de mujeres y hombres, de todas las edades e identidades, y que sea una responsabilidad de Estado de Guatemala su implementación como parte de las políticas públicas en los Ministerios de Educación, Salud y, Cultura y Deportes.
Por una Cultura Sin Sexismo, Sin Racismo y Sin Violencia.
Organización de Mujeres Tierra Viva
21 Junio 2009
María Ixmucané Solórzano
Tierra Viva
Guatemala
Convocamos a todos y todas a enviarnos y socializar las actividades que llevarán a cabo para festejar el 21 de junio. También a enviarnos sus actividades y materiales (fotos, posters, afiches, cuentos, etc) que tengan en sus archivos a laredva@repem.org.uy para conformar una galería con toda la información recibida.